¿Dónde ha quedado aquella voz, aquel susurro que me hacía pensar con lógica? ¿Dónde se habrá metido mi Pepito Grillo, aquel que evitaba que mi corazón me dominara y me hiciera cometer destrozos irrecuperables?
¿Cuándo volveré a tener el control? ¿Cuándo podré dejar de actuar con emociones? ¿Alguna vez podré recuperar mi insensibilidad, dónde nada podía dañarme?
Aquella voz esta dormida, no quiere despertar; y no se si podré durar mucho más así.
Una bestia se lleva por su instinto, no por su cerebro. ¿Acaso no soy más que una bestia? ¿Un simple animal que no aprende, que repite la acción que un día le hirió?
Maldita voz, ¿por qué demonios no quieres despertar?
Pues muy bien, duerme tranquila, y deja a esta bestia que sufra. Qué sea descuartizada por el alma de doble filo más peligrosa: el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario